18/11/12

"Imagino mi futuro haciendo cosas que me llenen el alma"


Rodrigo Machado, actor y director teatral

Rodrigo con Valeria Lynch, este año, ya recuperado.
Fue uno de los primeros que llevó el teatro musical a la escena cordobesa. Tras numerosos espectáculos en esta ciudad decidió buscar nuevos rumbos en Capital Federal. Llegó a la emblemática calle Corrientes y sus sueños se iban concretando hasta que la peor noticia invadió, repentina e inesperadamente, su vida: una cruel enfermedad, en enero de 2010. Hoy, por primera vez, habla en una nota de su calvario, de las ganas de morirse, y de cómo mantuvo encendidos sus sueños después de aquel día en el que ya no pudo volver a caminar. 

Por Ivanna Martin
@IvannaMartinTv

Hubo alguien, hace muchos años, que sembró de musicales y pasión los escenarios de Córdoba. Su nombre, Rodrigo Machado, alcanzó popularidad rápidamente entre los amantes del género y obtuvo numerosas críticas de la prensa especializada. Se inició en este camino a los 17 años, con el grupo de teatro independiente “Pentagrama”, con el que alumbró numerosas comedias musicales allá por los años '92, '93, '94. “En esos  primeros pasos tratamos de homenajear a aquellos musicales que formaron parte de la historia de Broadway y de nuestro país”, dice. A los 26 años, con una preparación más integral y un equipo de producción conformado por el coreógrafo Javier Mullins, el director vocal José Luis Moreno, y el escenógrafo y maquillador Cristian Astudillo, abandonaron el playback e incorporaron música original y textos de su autoría.

Nuevos rumbos


Con un puñado de sueños por cumplir debajo del brazo, Rodrigo Machado decidió dejar todo y mudar su talento a Buenos Aires. Quería capacitarse más, estudiar y perfeccionarse en Producción. “En ese entonces era bastante complicado montar un espectáculo musical de producción importante con los gastos que el mismo implica y lograr continuidad (en funciones) ya que no se realizaban casi comedias musicales de producción local y, ni siquiera existían las escuelas de comedia musical que se instalaron luego en Córdoba, algunas de las cuales hoy persisten”, recuerda.


¿Cómo fue adaptarte a la vida en Buenos Aires, objetivo que muchos artistas quieren alcanzar?

Llegar a Buenos Aires -como a toda persona que tiene sus raíces y costumbres de una vida más tranquila- me costó bastante y sentí por momentos que aquellos motivos y sueños que traía bajo el brazo eran inalcanzables. Poco a poco se fueron abriendo caminos, perseveré mucho y traté de absorber conocimientos en cada nuevo trabajo que realizaba, ya fuera como asistente, docente o iluminador. Siempre, de todo, algo aprendí.


Estabas en un momento clave de tu carrera allá cuando te sorprendió la peor noticia, la de tu enfermedad… absolutamente inesperada…

Sí, fue terrible. Era un momento muy especial de realización personal y de mi carrera. Había sido asignado por Diego Veronesi como director repositor de dos de sus obras, justamente estábamos en pleno proceso de ensayos a una semana o dos de estrenar y junto a Silvana Espada y Diego trabajábamos de sol a sol en la puesta  punto de las obras infantiles del Paseo la Plaza, donde ya trabajábamos a full con nuestras producciones.



Con su madre, amor incondicional.
¿Fue un shock?

Sinceramente no me dio tiempo a pensar en nada. Se manifestó en 7 días con un ardor en la espalda. Primero el médico me dijo que podía ser un espasmo por el aire acondicionado o el esfuerzo por las muchas tareas que estaba realizando. De esos 7 días, al tercero se fue el ardor en la espalda. Los últimos cuatro días comencé con problemas para caminar. Me dijeron que se resolvería con kinesiología… ese séptimo día ya no pude pararme más.


¿Qué fue lo que siguió?

Me llevaron en ambulancias de un hospital a otro para encontrar un diagnóstico certero… hasta que me encontré en una cama frente a cuatro neurocirujanos que me explicaron que una vértebra se había destruido por una compresión medular y que debían operarme para reconstruirla.


¿Te explicaron los riesgos?

Sí, claro. Los resultados dependían de lo que ocurriera en aquel quirófano en el que me intervinieron durante seis horas. No me dio tiempo a pensar ni a temer… ni siquiera a llorar… no entendía nada de lo que me estaba pasando.


Es muy doloroso y cruento todo lo que vos mismo has descripto en tu blog El Gran Hotel  ¿cómo hacías, de dónde sacabas fuerzas, para ir escribiendo todo en un diario personal?

Si es realmente cruento y doloroso todo lo que ví y lo que viví en mi internación, creo que el exteriorizar lo que se vivía a diario y plasmarlo en un cuaderno era la manera que tenía de desahogarme ante tanto ahogo, nunca había estado ni sentido tan cercano semejante dolor de mis compañeros, los pacientes internados, de los familiares y hasta del mío propio. En todo momento y siempre a mi lado estuvieron mi madre y mi amiga Silvana Espada. También se sumó gente amiga, compañeros de trabajo, surgieron amistades… sin ellos hoy no estaría contando todo esto.



Silvana, la mejor amiga, el mayor sostén.
¿Se puede mantener la esperanza en medio de semejante calvario?

Creo que la esperanza es algo que se lleva dentro cuando se tienen sueños y, sobre todo, una vocación, en mi caso la música y el teatro. Pero sí puedo decir hoy que “El amor cura”. Tal vez, y por razones ya de un impedimento físico irreversible no vuelva a caminar, pero tanto amor que sentí en cada minuto de mi larga internación me mantuvo vivo e hizo que mi esperanza no desapareciera.


¿Deseaste no vivir más?

Hubo muchos momentos en los que dije “hasta acá llego” pero especialmente por los dolores físicos que padecía. Por más que fortaleciera mi espíritu para luchar mi cuerpo ya no podía más. No podía soportar los procedimientos invasivos que se repetían uno tras otro…



En su blog Rodrigo narra sus negros días de internación.
La vida nueva



Pasó muchísimo tiempo, más de un año y tres meses, hasta que Rodrigo, gracias a la medicina, los médicos y su entereza admirable, volvió a su hogar. Las infecciones intrahospitalarias desaparecieron y comenzó una nueva vida para él. “Volver a mi casa me cambió el ánimo, reencontrarme con mis cosas, respirar otro aire… no para vivir en el pasado sino para proponerme un nuevo camino hacia una nueva vida, tratando de pensar lo menos posible en lo que ya no podré hacer porque no puedo caminar… y poner los cinco sentidos en lo que haré de ahora en más…”

Esa fortaleza ejemplar es la que tal vez permite que hoy haya puesto en marcha un microemprendimiento de tejidos (Creaciones de Rodrigo) y otro de digitalización de videos. “Recurrí a cosas que despiertan mi creatividad, aprendí a tejer y mi trabajo con los videos también está relacionado con actividades artísticas”. 


¿Se reencendieron tus sueños?

No sé si “reencendieron” es la palabra, creo que se transformaron en metas no tan abstractas y más tangibles, de tal manera que pueda realizarlas y no quedarme con las ganas de nada. Por supuesto que lo que más deseo es volver a estar gran parte de mi día metido de cabeza en un teatro, escribiendo, dirigiendo actores o montando un espectáculo pero es algo que volveré a hacer en un corto plazo, en cuanto logre más independencia  física. Imagino mi futuro haciendo cosas que me llenen el alma.


¿Vas a escribir sobre lo que te pasó?

Sin dudas que esta experiencia es un gran motivo de inspiración para escribir. En eso estoy y lo llevaré a cabo, como cada cosa que me propuse siempre.


BEA, su adorada inseparable compañía.



¿Cómo se renace después de algo tan duro?

Para mí no se renace ni se resurge, se sigue adelante… se vive sin quedarse estancado en el pasado, se sigue viajando con los recuerdos a cuesta pero liberándolos lentamente para que no nos pesen tanto. Nunca olvidaré en el peor momento de mi internación donde ya no quería comer ni seguir… tuve un shock séptico y no podía respirar… Me moría… y en vez de entregarme tomé del cuello de la chaqueta al médico y le dije “haceme respirar, necesito vivir”.  En esos segundos todos mis sueños y aquellas cosas que todavía no he podido realizar se pusieron frente mío como una pintura de un bello pintor y esa pintura es a lo que yo llamo “LA VIDA”, una bella pintura a la que hay que saber apreciar y admirar hasta el último respiro.


SOBRE EL TEATRO CORDOBÉS


“El teatro cordobés siempre tuvo un gran nivel. Estando en Buenos Aires, pude comprobarlo, sobre todo por el nivel de compromiso de las personas que deciden dedicar su vida a este arte más que por el público mismo. Siempre opiné, y hoy lo compruebo, que debería existir una educación orientada un 50% al arte porque es lo que te ayuda a vivir, abre tu mente y libera tus sentidos.


Rodrigo con sus alumnos cordobeses, hace años.
¿Qué opinás de la competencia que se da entre directores y elencos?

Creo que es una competencia de egos, por una cuestión de inseguridad que quienes protagonizan dicha competencia no tienen resueltos. Si estuvieran seguros de lo que hacen no competirían. Hay lugar para todos.



¿Qué le falta al teatro de Córdoba?

Más reconocimiento del público, más público precisamente. Creo que el público cordobés tiene al alcance de su mano espectáculos súper valorables y con un alto nivel con entradas de muy bajo costo (en Buenos Aires las entradas cuestan un 300% más) y no lo aprovechan.


Marcela Bustos e Ivanna Martin, dirigidas por
Rodrigo Machado, en "Moisés de Egipto"

¿Qué opinás de los alumnos de hoy? ¿Tienen la formación adecuada? ¿Cualquiera se denomina artista?

Creo que existe una competencia desmedida por sobresalir… también se ve en la cantidad de escuelas de teatro que hay, en la cantidad de alumnos… es como que hay una cuestión tácita de convertir al teatro en una moda… eso hace que la calidad de los estudiantes sea otra, no sé si mejor o peor pero con otros valores, a lo que los directores de mi época no estamos acostumbrados. Si a un alumno le cobrás una cifra desmedida por “aprender” y convertirlo en estrella en uno, dos o tres años, sin dudas que pasará lo que hoy está ocurriendo. Creo que está muy confundida actualmente “la vocación” con “el capricho de subir a un escenario”.


¿Qué es un artista?

La definición del diccionario dice que un artista es aquella persona que desarrolla un hecho artístico, es decir, que hace arte. En mi parecer  un ARTISTA es aquella persona que con su arte logra sacarle un aplauso espontáneo al público, por ser capaz de movilizar algo en su interior y de dejar un mensaje.



Más alumnos cordobeses, con Rodrigo Machado.

¿Qué es el teatro en tu vida?

El teatro “ES” mi vida. Su espacio, su olor, sus luces y su magia me movilizan por completo.



PREFERIDOS


Un director: Pepe Cibrián Campoy

Un actor:  Julio Chávez

Una actriz: Elena Roger

Una obra o musical: “Los Miserables”

Un libro: “El retrato de Dorian Gray”

Una canción: “Quisiera ser tu luz” (Valeria Lynch)

Un sueño cumplido: Muchos. Cada sueño lo convertí en meta o a esa meta la hice realidad.

Un sueño por cumplir: Volver a hacer teatro.

Un mensaje a los artistas de Córdoba: “Recuerden siempre su punto de partida y entonces sabrán siempre dónde quieren llegar sin desviar su objetivo”.

           
Trabajos destacados de Rodrigo Machado



Elenco "Moisés de Egipto"
En Córdoba: “La Cenicienta”, “Creo en los Cuentos”, “El Fantasma de Canterville”, “Iosefus, el musical”, “Moisés de Egipto”, “Dorian Gray, el retrato”, “Cuenta la luna”, “Las 5 mujeres de Sade”. En Buenos Aires: “Lo que habló el pescado” (con Luciano Castro, Adriana Aizemberg y Esteban Meloni), “De amores y partidas”, “Adiós Carola”, “Cinema”, “Don Quijote” (su primer infantil en la calle Corrientes), “Ancore” (en el Maipú), ”Serrat Coral”, “Creo en los cuentos” (Centro Cultural Konex). Integra el Grupo Ensamble (música original de Damián Mahler, dirección de Diego Veronesi y producción de Veronesi y Silvana Espada – Paseo La Plaza) con el cual hizo, entre otras, “La Bella  Durmiente”, “La Cenicienta”, “Barbie, la Princesa Rapunzel”, “La Princesa de las Hadas”, “Esmeralda y el Jorobado” y “La Bella y la Bestia”.
"Viaje al centro de una prueba"

Dorian Gray

Dejá acá tus comentarios para Rodrigo! :)

6/11/12

Una construcción de ideas y estéticas integradas




Por Ivanna Martin
@IvannaMartinTV

El Superman que conocemos podría ser un impostor. El verdadero, que en nada se parece al mítico personaje de la ficción, tiene una historia personal más compleja y desconocida, que la pluma de Sonia Daniel se ocupó de plasmar en un guión breve pero desopilante y que transita la tragedia en clave de humor. Sergio Osses dirigió este “Evangelio según Superman”, que forma parte del ciclo de teatro semimontado “Estamos en Obra” que se llevará a cabo esta semana (entre el 8 y el 11 de noviembre) en María Castaña.
En una apuesta ingeniosa, la segunda edición de esta creación en la que participan dramaturgos, actores y directores cordobeses que se unen para alumbrar un arte colectivo necesario, incluye cinco obras que transitan distintas realidades cotidianas desde elementos comunes que conducen al espectador por historias tragicómicas que no dejan de lado el absurdo y la locura. En una hora y media, aproximadamente, se pueden ver las cinco obras sin interrupciones.
Lo que dejó ver el pre-estreno es una puesta con gran teatralidad y más de 30 actores que ya desde el acceso al centro cultural, en plena vereda reciben al público en la piel de albañiles, con sus modismos y piropos, aportando un contexto muy bien logrado para este proyecto que integra varias estéticas y que documenta el proceso de creación teatral que el público no está acostumbrado a ver ya que asiste habitualmente al producto final. La escenografía, excelente. “Estamos en Obra”, una buena propuesta, alternativa y que entretiene, para conocer más acerca del rol del actor y de cómo se construye el humor cordobés.

LAS OBRAS

"El cuerito y las mamas de Titina" de Jorge Pinetta
"Lluvia de ideas" de Natalia Rojo
"Seducidos por la tragedia" de Eduardo Rivetto
"Velero para cuatro" de María José Castro Schulle
"El Evangelio según Superman" de Sonia Daniel

Directores: Leo Rey, Sergio Osses, María Luisa Stille, Nelson Balmaceda y Marina Abulafia.

Dramaturgos: Jorge Pinetta, María José Castro Schulle, Natalia Rojo, Eduardo Rivetto y Sonia Daniel.

Escenógrafos: Paula Peralta y Rodrigo Barbero.

Actores: Mercedes Coutsiers, Juan Ramón Bortolín, Pablo Tolosa, Carolina Godoy, Lino Avanzini, Gabriela Beltramino, Hugo Casas, Daniela Fontanetto, Sofía Young, Cecilia Román Ross, Lucas Goria, Martín Dari y Javier Gonzalo Moreno.

Performers: Alumnos del taller de teatro de María Castaña.

Funciones:
Jueves 8 a las 22
Viernes 9 a las 20 y a las 22
Sábado 10 a las 20 y a las 22
Domingo 11 a las 20

Entrada: $ 45 (anticipadas $ 40)
María Castaña: Tucumán 260, teléfono 423-5529.

19/9/11

PACATOS, ABSTENERSE.


Por Ivanna Martin

El arte trasciende de manera significativa cuando presenta una propuesta original y, más aún, cuando genera polémica. Entonces, desde mi humilde visión, es más arte todavía. Por estos días está en cartelera "Oh L'amour", el nuevo musical de Hernán Espinosa, referente del género en Córdoba. Es una comedia musical que rompe con todos los moldes de las propuestas que tradicionalmente estamos acostumbrados a ver en los escenarios locales y que son de acceso abierto al público. Un acertado libro con textos profundos que dejan aprendizajes, enseñanzas y que -entre giros divertidos y dramáticos que mantienen expectante al público durante unas tres horas- pone el foco en cuestiones que, lamentablemente, siguen siendo sólo aceptadas por
minorías pese a la altanería de ciertos sectores que se autodenominan de mentes abiertas.
La historia gira en torno a Ítalo, un homosexual que transita una historia de amor clandestina con el novio adolescnete de su mejor amiga, una profesora de colegio secundario que ronda los 30 años de edad. A la homosexualidad del protagonista se le suman el lesbianismo, los conflictos familiares, la prostitución, la violencia física, los padecimientos psíquicos, la manipulación extrema y la adversidad de la drogadicción. Conducen, en su conjunto y sobre el final, a un cierre trágico, broche de oro para una historia tan controvertida. Una obra polémica, sin dudas, pero que plantea de manera prolija, respetuosa y sin golpes bajos cada realidad en cuestión.
El musical, que tiene su propia fan page en Facebook, sufrió una censura por parte de la empresa que maneja la red social tras recibir denuncias de imágenes "impúdicas" por parte de algunos usuarios. Desconozco si esas personas que tan poco gentilmente denunciaron las imágenes de una obra artística por la cual se sintieron impactados vieron la obra o no. Las fotos no hacían más que mostrar a una pareja de gays besándose y, luego a media sombra algo de tono más erótico, escenas a las que también ya estamos habituados a ver en la mismísima televisión por aire a cualquier hora del día.
Las imágenes censuradas no afectaban la moral ni las buenas costumbres, no eran de mal gusto, y simplemente mostraban una manera más de las tantas que existen de relacionarse con los otros. Cada uno es libre de ser y elegir ser. Más aún, eran imágenes de actores interpretando personajes.
¿Puede Córdoba ser todavía tan pacata? ¿Puede existir semejante homofobia e intolerancia en una provincia que se jacta de ser cada vez más abierta y amigable? Esto es arte, señores. Y el arte representa, por caso, muchas veces, la vida misma. No es admisible la censura. No es admisible la falta de paz para la convivencia cotidiana. Dejen ser. Dejen hacer. Ver o no ver, esa es la cuestión. Pero no combatir.
El arte que provoca, es doblemente arte, es doblemente éxito.
"Oh L'amour" provocó esto en Córdoba. Hace un par de meses, en Nueva York generó lo mismo la obra titulada "Me cago en Dios". En España censuraron la presentación de "Gang Bang", que mostraba a una catequista drogada y a un joven que prostituía su cuerpo a cambio de distintos favores. En Inglaterra desató el escándalo una obra en la que el personaje de Margaret Tatcher fallece en escena. En Australia, otra narra la historia de amor entre Jesús y Judas. En Río de Janeiro desata la furia una obra en la que queman vivo a un Cristo Negro.
En el musical cordobés de EI Espinosa Israilevich se muestran retazos de cotidianeidad y aunque haya quienes lo tilden de inmoral o impúdico ¿quién establece las reglas de lo políticamente correcto? El arte no las tiene. Y esto es arte, señores. De ahí que es arte, de allí que es provocación.
Aplausos para la dupla Espinosa-Israilevich por el libro y el planteo valiente, y para el elenco que asume con entereza esta historia atípica para nuestras tablas.
Quienes no la vieron, háganlo.
Quienes no se atreven, tíñanse de tolerancia y véanla.
Quienes no lo toleran y se escudan en denunciar vía un click una foto porque les resulta impúdica en medio de una sociedad altamente tóxica, afectando la labor de los artistas que ponen compromiso y pasión en esto, hagan otro click y averigüen bien qué es el ARTE.
Los artistas no permitiremos que estas cosas sigan sucediendo.
El arte no es para quienes manifiestan excesivos escrúpulos. Pacatos, abstenerse.

"Oh L'amour" puede verse todos los viernes de setiembre y octubre en María Castaña (Tucumán al 260) Entradas anticipadas $ 30 (de lunes a jueves). En boletería, los viernes, $ 50. Reservas al 423-5529.

3/10/09

Un concierto de sonrisas en el cielo


Entre las notas más inolvidables de mi vida estarán por siempre las que pude hacer con la más grande de las grandes... Mercedes Sosa. Tuve la dicha de entrevistarla varias veces para distintos medios, pero recuerdo una en especial. Fue en el año 2001, en el anfiteatro de Villa Allende, fue una nota diferente, muy emotiva, especial. Me senté muy cerquita de ella y como si fuera una abuela cariñosa me tomó la mano durante toda la nota. Su mano, anciana y cubierta de las huellas de la vida al igual que su rostro, temblaba mucho. Yo se la apreté con mi cariño y admiración. No me soltó un instante. Fue una nota hermosa, inolvidable como cada momento que pude compartir con ella a lo largo de mi profesión. Ese día sentí que ya estaba muy agotada para seguir transitando la vida. Pensé que sería la última vez que la vería. Y no. Ella, pujante y arrolladora, dueña de una fuerza increíble y admirable... siguió andando, y siguió regalando su poderosa y colorida voz a los cuatro vientos. Ahora su corazón se apaga, su calidez quedará en mi por siempre y en el cielo habrá un concierto de sonrisas cuando reciba a esta grandiosa cantora.

27/10/08

El pianista de los pobres

Entrevista a Miguel Ángel Estrella - Música Esperanza

"Pónganle Estrella a estos turcos de mierda", dijeron en Migraciones cuando sus abuelos llegaron al país. El apellido en árabe era Najem (estrella), pero ellos no hablaban español y cuando les preguntaron el nombre señalaron el cielo. Premonición o no, a Miguel Ángel le tocó ese apellido. Estrella. Hoy es el guía de un movimiento solidario que brilla en las zonas más necesitadas.



Por Ivanna Martin

"Te vamos a cortar los dedos, te vamos a destruir totalmente, nunca más tocarás el piano y si seguís con esa sonrisa te vamos a matar. Porque sos un tipo que tiene fe y te la vamos a sacar". Ni bien terminaba de repetir su feroz amenaza, el guardia le ataba las manos a la espalda durante seis días a Miguel Ángel Estrella. Luego hacía un simulacro de cortárselas con una sierra eléctrica. Además de las picanas, en la cárcel se turnaban para pisarle los dedos al pianista tucumano. Corría 1978 en el penal Libertad de Montevideo, Uruguay. Los mismos guardias se habían encargado de realizar la prolija tarea de quitarle las cuerdas a un piano que, gracias a una cruzada internacional impulsada por dos grandes músicos (Nadia Boulanger y Yehudi Menuhin), le habían permitido tener en la oscura celda. El piano mudo, su mejor regalo para aquellos días de calvario. "Me detuvieron acusándome de peronista y jefe de los montoneros. No era montonero pero no podía negarles albergue a mis amigos que lo eran", recuerda Estrella.

A través de la pared del húmedo calabozo, Estrella le enseñaba dictados rítmicos al Pirata, un preso al que apodaban de esa manera porque al ser torturado sentado en una silla durante tres meses se le atrofiaron los músculos de una pierna y ya no pudo caminar normalmente.

No era el único débil ni desprotegido al que el pianista le transmitía su pasión por la música. Hacía varios años que junto a Marta, la mujer de su vida, había emprendido el camino de la música social, "con el piano al hombro y a lomo de mula" (tal como lo promocionaba la prensa europea que se asombraba frente a semejante fenómeno: Estrella era un músico bien formado, en las mejores academias, y sin embargo se embarraba los zapatos junto a su novia para deleitara los pobres y a los aborígenes con piezas de Bach y Beethoven). Marta, convertida ya en su esposa, siguió acompañándolo por los ingenios azucareros de Tucumán difundiendo la música. Los valles calchaquíes son eternos testigos de la incansable labor que desarrollaron juntos para lograr que la música clásica llegara hasta sitios impensados, donde ni siquiera había agua o luz. "Te formaron para tocar para nosotros y elegiste la negrada", recuerda el pianista que le vomitaba con frecuencia su torturador, José Nino Gavazzo. "Vos no sos guerrillero pero sos algo peor: con tu piano y tu sonrisa te metés a la negrada en el bolsillo y les hacés creer a los negros que pueden escuchar a Beethoven", azotaba Gavazzo.

Hombre tenaz
Pero nada ni nadie hizo jamás que Estrella olvidara sus convicciones, ni por un segundo. El músico tucumano es una de esas personas que no necesitan hablar para dejar ver sus verdades. Su interior se adivina en la limpia mirada de la cual es dueño, en la transparencia de esos ojos verdosos que se enrojecen cada vez que recuerda las terribles experiencias vividas. Angustia siempre latente que se aplaca con las "victorias" (como le gusta llamarlas) que le regala la música. "Son las victorias del arte -dice- las que encienden la esperanza". Por eso en el abismo carcelario del penal montevideano, entre picanas y encarnizadas torturas, concibió la idea de Música Esperanza. A poco de salir de la cárcel, a principios de los '80, fundó el movimiento que hoy tiene 52 sedes en el mundo y seis en nuestro país, y que trabaja en beneficio de la población infantil y adolescente más desprotegida.

Las críticas a su labor sociocultural no sólo fueron en tiempos de la dictadura...

No, claro, siempre las hay. Recuerdo la primera vez que dí un concierto en una cárcel, en Francia, en 1982. La gente se enfureció y empezó a preguntarme cómo yo, que era un músico destacado, iba a tocar para los criminales, asesinos, violadores, traficantes, rateros... Yo les dije: vengo a tocar para seres humanos. Y mediante la televisión, conté que existía un proyecto para hacer un taller musical en ese penal, que necesitábamos instrumentos. Al día siguiente nos enviaron más de 300 cartas con insultos... y una guitarra. Al menos una guitarra (sonríe satisfecho).

Curiosamente, hoy trabajar en un proyecto social en las cárceles es algo muy usual...
Sí, y hasta es una carta de presentación. Todas las personas tienen creatividad y si alguien impulsa que sea desarrollada se logran realmente cosas grandiosas, fantásticas. En una cárcel en la que trabajamos, algunos presos terminaron haciendo una ópera y otros se dedicaron a la literatura.

Creatividad innata

La música ejecutada por los reclusos, las poesías alumbradas por ellos mismos, las canciones entonadas por pequeños de sectores marginales y zonas rurales humildísimas son, para Estrella, las "victorias del arte". Constituyen la mejor paga a su labor solidaria. "A Pedro, un aborigen de los valles calchaquíes, lo conocí cuando tenía apenas cinco años y yo tocaba el piano en la zona de la cordillera. Ahora tiene 22 y siempre tuvo una creatividad fenomenal. Se puso a estudiar solo el piano y el año pasado ingresó en la escuela de música de la universidad con 10 puntos, por la calidad de las improvisaciones que hacía. Él tuvo la suerte de tener jóvenes talleristas de Música Esperanza que le despertaron la creatividad y le ayudaron a desarrollarla. Pedro es un ejemplo fantástico".

Ejemplos como el de Pedro debe conocer a montones...

Claro que sí. Estuve en un campo palestino, donde los niños se acercaron para conocer el piano, un instrumento que jamás habían visto. Uno me preguntó si con el piano se podía dibujar. Yo, temeroso por no saber qué se vendría después, le contesté que sí. Entonces me dijo: dibujame un pájaro. Conmovido, empecé a tocar una pieza barroca de un compositor francés del siglo 18 y los chiquitos empezaron a tejer una historia increíble. Que no era un pájaro sino dos, que eran un macho y una hembra, que la hembra era muy coqueta, que hasta se pusieron de novios y tuvieron hijitos. Cuando uno se baja del pedestal y se pone a la altura de ellos se pueden llegar a lograr cosas fantásticas.

En un momento de la entrevista, Estrella se emociona. Es cuando le pregunto qué diría Marta si viera todo lo que ha logrado en beneficio de los sectores más humildes. "Hablo todos los días con ella y le cuento cada una de estas victorias. Sé que está enviándome buenas ondas desde algún lugar", dice bajito. En su mesa de luz, en la casa que compartió junto a ella en aquellos tiempos en que planeaban juntos sus vidas cuando sólo tenían 25 año, conserva la imagen de aquella bella muchacha morena que hoy es su ángel. "A poco de morir Marta, ofrecí un concierto en Londres, donde jamás había ido ni me conocían. Al día siguiente, mientras estaba alojado en la casa de un amigo, me llama un hombre, una voz extraña que reclamaba verme. Me dijo: miré, estuve en su concierto y quería decirle que me encantó, pero había una muchacha sentada al lado suyo... Y me la describió a Marta tal cual era... la ropa, el peinado... Le mostré una foto y me dijo que, efectivamente, esa era la muchacha morena que estaba a mi lado en el escenario. Le expliqué que era mi esposa pero que ya no era de este mundo. Y me dijo: Esa impresión me dio, pero debo decirle que era un ángel".

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24/10/08

Me quedo con las miradas

Manuel, un niño criollo que conocí en El Impenetrable (Chaco), en octubre de 2008.


Por Ivanna Martin


Con las manitos temblorosas y una sonrisa apenas insinuada en su carita sucia, Mariana me ofreció un paquete brillante, envuelto con hilos de colores y un moño grande reciclado de algún viejo regalo. Era una azucarera un poco rota y muy usada, que junto con otros chicos del precario asentamiento Las Polinesias, de Villa Allende, había elegido obsequiarme. Mientras lo desenvolvía, no dejaba de mirarme, con ojos chispeantes y saltones. Cuando el objeto por fin apareció de entre tanto papel arrugado, la tímida sonrisa se volvió plena y casi se le escapa del rostro. A la par, los ojitos brillaron cada vez más. Y mi mayor regalo fue su mirada. Entonces decidí guardarla de algún modo especial.
Hoy, en el estante más alto allá arriba de todo donde mi biblioteca se pierde en el cielo, guardo celosamente un cofre que alberga las miradas de los niños que conocí en estos años de periodismo. Las de los chicos que juntan papas detrás del aeropuerto, las de los que recogen aceitunas en el norte cordobés, las de los que se lavan la cara con agua helada en invierno en la villa Pueyrredón y, pese a todo, me sonríen.
A la mirada de Gabriela Palomo me la trafe del norte, de pleno monte formoseño. Es una niña aborigen que teje mejor que nadie pero pasa casi 10 horas diarias trabajando junto a su mamá. De lunes a domingos. Y aunque ella vive tan lejos de todo y de todos, tiene los mismos ojos resignados que Juan, un changuito santiagueño que anda descalzo y, más acá todavía, que Lucía, a quien conocí en medio de las vinchucas en su rancho cruzdelejeño.
Santiago, desde sus dulces cuatro años, me mostró los ojitos desvalidos en una cama de hospital, donde médicos y enfermeras intentaban recuperarlo de un cuadro grave de desnutrición.
Rocío es la dueña real de una de mis miradas más preciadas. Tenía pocos meses de vida cuando la conocí y peleaba como una leona para seguir viviendo, en medio de la adversidad de la pobreza, conectada a tubos y máscaras de oxígeno. Compartí muchos momentos con ella y, finalmente, años después fui testigo de sus sonrisas más plenas.
La mirada de Betina me llegó al corazón un Día de la Madre, cuando bañada de lágrimas me contó cómo hacía para criar a sus dos hijos vendiendo artesanías. Tenía apenas 16 años. Y de una aldea toba de Salta me vine con los ojos llenos de risas de otro Juan, que medía poco más de un metro y ya soñaba con ser el médico de la comunidad.
En mi cofre también conservo las miradas cómplices que cada año los chicos del Padre Aguilera me dedican desde atrás de los flequillos largos cuando los peluqueros llegan con la misión solidaria de, precisamente, dejarlas surgir.
Así me hice de éstas y de muchas otras miradas, que ocuparían páginas enteras si pudiera compartirlas a todas. Recuerdo con gran nitidez el destello, la humedad, la intensidad, de cada una de ellas.
Los chicos son los dueños de toda la honestidad y la transparencia que tanto reclamamos por ahí y que cada vez más nos cuesta encontrar. La mirada profunda de un niño es la vía directa a su alma. Por eso, me quedo con las miradas. Hay que aprender a escucharlas.

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Publicado en "La Casa", libro homenaje al Padre Aguilera (El Emporio Ediciones).

Mujeres vs. mujeres

Por Ivanna Martin

¿Somos nuestras peores enemigas? ¿El éxito de las otras nos genera envidia? ¿Es mejor ser cómplices o rivales?

La rivalidad femenina, al igual que la masculina, existe. Se diferencian en que, si la competencia fuera deportiva, nosotras jugaríamos en la liga del disimulo ya que nos incomoda que nuestras ambiciones se hagan evidentes. Ellos son, por lejos, más directos y frontales. Nosotras, es sabido, tenemos más capas que una cebolla.

La envidia es como una flecha con filosas puntas en ambos extremos. Cuando una mujer hiere a otra con una palabra o una mirada hostil, también se pincha a sí misma.
Ambientes competitivos en los que se valoran los logros más que las personas, son propicios para este tipo de situaciones.

Las mujeres somos las peores enemigas de las mujeres, afirma la escritora Carmen Alborch en su libro “Malas. Rivalidad y complicidad entre mujeres”. En su lucha de años por conquistar determinados espacios, las mujeres se han vuelto extremadamente competitivas. Hoy, más allá de la rivalidad natural con los hombres, la pelea tácita por acceder al éxito es, antes que nada, entre nosotras mismas.

El éxito, según la definición de la Real Academia Española, es el “resultado feliz de un negocio o actuación” y la “buena aceptación que tiene alguien o algo”. La envidia surge precisamente cuando ese resultado feliz o esa buena aceptación le pertenece a otra y es algo que nosotras mismas, aunque nos cueste admitirlo, ambicionamos.

“Hay que plantearse qué es el éxito desde un punto de vista personal y no caer ante el primer obstáculo que aparezca ya que es un camino sinuoso”, aconseja Lidia Heller, especialista en género y autora del libro “¿Por qué llegan las que llegan?”.

Los celos, las envidias, las mal llamadas “histerias” femeninas, son características naturales de cualquier mujer. Por lo general, nosotras llegamos al trabajo no sólo a trabajar sino a desnudar parte de nuestra vida privada, cosa que los varones no hacen. Ellos saben separar mejor su ámbito íntimo de lo laboral. Pero nosotras “damos la vida” en cada cosa que hacemos, también en el trabajo, y ahí surgen los problemas.

Aunque todo, claro, es parte de la naturaleza femenina.

“Las mujeres somos más emocionales, ponemos todo en una relación que debería limitarse a lo laboral”. Creemos que en el trabajo tenemos que ser amigas cuando no es así, podemos tener una o dos amigas, el resto son compañeras”, dice Heller.

Nosotras, por ejemplo, seríamos incapaces de compartir una cena con una compañera de oficina con quien discutimos una hora antes pero ellos, tranquilamente, van y disfrutan a lo grande.

Aprender a afrontar el éxito y el fracaso es un aspecto importante. Imitar lo positivo o rescatar virtudes de mujeres a quienes consideramos rivales puede resultar una estrategia interesante para poner en práctica. En esta búsqueda, hay que moldear las propias capacidades y emociones para aprender a automotivarse.

En palabras de Alborch, el asunto es que necesitamos la existencia de cierta solidaridad entre nosotras, puesto que nos conviene –y utiliza expresamente el verbo convenir- ser más cómplices que rivales en este mundo tan complicado en el que vivimos.

El delito de hablar (tanto)

Siempre se nos acusó de hablar más que ellos. Hay estudios que lo confirman y otros que, por el contrario, aseguran que los hombres nos igualan. ¿Qué nos conviene creer?



Por Ivanna Martin

El lenguaje es el pegamento que conecta a las mujeres entre sí, dice la psiquiatra Louann Brizendine en su tesis en la que sostiene que algunas áreas verbales del cerebro son mayores en las mujeres que en los hombres y que, por lo tanto, nosotras hablamos más que ellos. Es más, le pone números a su afirmación y asegura que las mujeres pronunciamos dos o tres veces más palabras que los hombres cada uno de los días de nuestras vidas.
En la Norteamérica colonial las mujeres eran puestas en la picota con pinzas de madera en la lengua o se las sometía al suplicio de atarlas a una silla que sumergían en ríos o lagunas, casi hasta ahogarlas –castigos que no se aplicaban nunca con los varones- por el delito de “hablar demasiado”. Incluso, entre nuestros parientes primates hay una gran diferencia entre la comunicación vocal de machos y hembras. Las monas Rhesus, por ejemplo, aprenden a vocalizar mucho antes que los machos y usan cada uno de los 17 tonos vocales de su especie durante todo el día y siempre para comunicarse entre sí. En cambio, los monos Rhesus machos aprenden sólo de 3 a 6 tonos y, en cuanto son adultos, dejan pasar días y hasta semanas sin vocalizarlos en absoluto.
Brizendine asegura que al establecer contacto por medio de la charla se activan los centros del placer en un cerebro femenino. No obstante, un estudio desarrollado por la Universidad de Arizona y publicado en la prestigiosa revista Science, relativizó el mito de que las mujeres hablamos más que los hombres. Reveló que las mujeres utilizamos alrededor de 16.215 palabras al día y que los hombres emplean 15.669, una diferencia que en términos estadísticos no es significativa. La investigación, que demandó ocho años y que consistió en grabaciones permanentes del lenguaje de 400 participantes, determinó que nosotras hablamos, habitualmente, de otras personas. Ellos, de motos y autos. Pero ambos utilizamos un promedio de 16 mil vocablos diarios.
Ante semejantes planteos tan encontrados, una puede optar por coincidir con este último estudio (el cual nos conviene bastante pero resulta utópico pensar que ellos compartirían dicha visión) o quedarse con la brillante tesis de la neuropsiquiatra americana (que, a decir verdad, tal vez nos conviene aún más). En mi caso, muchas veces siento que hablo demasiado, que todas hablamos mucho… Hace poco llevé a mi hermana Brenda en el auto unas 40 cuadras. Debe haber pronunciado alrededor de 10 mil palabras cada cien metros, a una velocidad que cualquier maratonista verbal envidiaría. Después de bajarse y saludarme se volvió, repentinamente, y me dijo “perdón ¿hablé demasiado?”. Y sí, lo hizo. Pero precisamente porque, como expone con claridad Brizendine, Brenda tiene un cerebro femenino. Igual que vos y yo. Por eso, nos conviene adherirnos a su tesis y no entrar en encarnizadas discusiones con los hombres. Ésta, al menos, nos permite encontrarle una explicación biológica válida al porqué nosotras hablamos como hablamos. Tanto.

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"Cada una es artesana de su propia felicidad"

Por Ivanna Martin

Si las palabras fueran flores, Ana María Bovo sería la primavera.
Esta cordobesa de mirada pícara y sonrisa sincera es dueña de un don que no muchos poseen: crea escenarios soñados a partir de sus relatos. Y no hay texto que se le resista. Cualquier frase quisiera ser pronunciada en la voz de Ana María Bovo para repicar como un latigazo de magia en el mundo imaginario de muchos.
Abordamos con ella un tema que en estos tiempos tan agitados, a veces nos desvela: la felicidad. ¿Existe una fórmula para encontrarla? ¿Existe una llave para abrir la puerta y darle paso? Nada mejor que preguntarle por ella a una mujer que no solamente la denota sino que la genera. Sus relatos arrebatan sonrisas, risas, carcajadas.
“La felicidad es dormir en el asiento de atrás mientras tu papá maneja”, cita Ana Bovo una frase del famoso Snoopy, tan simple pero contundente.

¿Qué es, para vos, la felicidad?

Disfruto mi felicidad día a día. Siento que una tiene que ser artesana de su propia felicidad. Claro que hay imponderables en la vida que te golpean, jaquean ese deseo, pero hay que sortear esos dolores y refugiarse, regocijarse, en las pequeñas cosas.
Yo encuentro felicidad en las cosas simples. Hay una oración andaluza que aprendí de mi tía, que hay que pronunciar al abrir la ventana tras despertarse cada mañana. Dice así: “Bendita sea la luz del día y el Señor que nos la envía. Gracias te doy, tu Merced, que es tan grande tu poder, que me has dejado otra vez amanecer”. La digo siempre. La incluí en mi novela “Rosas colombianas” (Emecé). Es una mezcla de gratitud y desafío al emprender el día.

¿Qué te hace feliz?

Pese a sufrir frustraciones a lo largo de la vida también tengo esperanzas y rastreo la felicidad en las cosas cotidianas. Me hacen muy bien las flores, las necesito aunque parezca frívolo. Voy al mercado y las compro, hay un momento de mucha felicidad para mí en mover los ramos de lugar, ver cómo incide la luz del día sobre las flores… a la noche con insomnio a veces me paseo por la casa y voy probando dónde queda mejor un ramito que rehago… porque algunas se van marchitando… las trato de conservar el mayor tiempo posible. Encuentro la felicidad en la amistad femenina, la amorosa es más azarosa. Mi profesión también me hace feliz, aunque no siempre estoy bien al momento de una presentación. Cuando estoy muy triste y hago una función que sale hermosa y la gente se va contenta, con una sensación de felicidad que tal vez yo no tuve, siempre me acuerdo de una frase que dice que “es extraordinario dar aquello que nos falta”. Y vuelvo a casa… feliz.

¿Cómo elegís los textos que narrás?

En general, tengo que enamorarme del texto, elijo los que tienen cierta magia, los que me movilizan. Me dejo sorprender. Me gustan mucho, además de Mansfield, la catalana Mercè Rodoreda, Almudena Grandes, María Fasce, también autores como Juan José Saer e Isidoro Blaisten. Los relatos que escribo para la escena, habitualmente parten de una imagen o un recuerdo de mi propia experiencia y luego los voy llevando al terreno de la ficción. Pero el germen suele ser autobiográfico o surge de algo que escuché a otra persona.

¿Por qué las mujeres se identifican tanto con tus narraciones?

Las historias que cuento hablan de la felicidad, de la experiencia, de la vida, del amor, de las vicisitudes de la intención. Tanto los hombres como las mujeres intentamos cosas según nuestros deseos y se nos plantean dificultades, tratamos de vencerlas o nos dejamos vencer por ellas. Muchas mujeres, además, arrastran a sus parejas para verme. Todos se van contentos.

¿Qué pensás sobre el feminismo?

Como defensa de nuestros derechos, considero que el feminismo es irrenunciable. Cuando únicamente busca venganza por injusticias padecidas no coincido con la forma agresiva de reivindicar lo que nos pertenece. Me parece que todas debemos pelear por nuestros derechos y ser feministas. Pero hay matices en la forma de encarar la lucha.

En su novela “Rosas colombianas” (Emecé), la protagonista es Inés, una mujer que a lo largo de ocho meses, cada mañana, tiene la certeza de que entre las tres y las cuatro de la tarde va a sentirse bien. Va a sentirse bien porque a esa hora pasan la telenovela “Café con aroma de mujer”. Ese recreo diario sostiene su felicidad y, cuando se termina, su matrimonio empieza a deshojarse como una rosa madura pero sin la misma belleza.

¿Cómo surgió la idea del argumento?

Porque yo miraba esa telenovela. No soy de ver muchas novelas pero con esa me enganché y me deparó mucha felicidad. Conocí los cafetales y las rosas colombianas, me enamoré del acento de los personajes… y decidí prestarle a Inés esta experiencia tan grata en un momento en que a ella se le ha deshojado su matrimonio después de unos 11 años de casada. Inés, actualmente, tendría unos 50 años, aunque la historia tiene saltos temporales que abordan su infancia y su juventud. Hay una biografía que sale a la búsqueda de una nueva identidad de “mujer sola”. Ella viaja al Piamonte y a Andalucía -la tierra de sus antepasados- y vuelve a su pueblo de La Pampa para tratar de saber quién es ella fuera de ese matrimonio.

¿Tiene aspectos autobiográficos?

Sí, algunos. Mi gusto por la telenovela, un viaje que hice para llevar a un viejito al Piamonte para encontrarse con su mamá, y mis viajes a Andalucía, donde conocí a una prima de mi mamá –Ana María Gómez Soriano- que era la narradora oficial del pueblo. En ella también descubrí una musa inspiradora.

¿Por qué el título de la novela (“Rosas colombianas”)?

Porque son mis preferidas. A mi casa la tengo pintada de distintos colores para atravesar distintos momentos al cruzar la casa. El hall es azul marroquí entonces cuando compro flores blancas se ven divinas. Cuando pongo flores rojas se arma otro paisaje, son como paisajes móviles que invento. Las rosas colombianas son mis preferidas, porque saben abrirse, son como las de los jardines de nuestras abuelas, se vuelven rosas maduras y muy bonitas, abiertas… y me trae el recuerdo de los jardines caseros. Mi favorita es la rosa con bordecitos morados y la color té. El té, precisamente, es otra de mis debilidades, tengo muchas variedades.

¿Tu casa es tu refugio?

Sí, lo es. Creo en la energía y mi casa tiene mucha. Ya que el afuera es muy hostil, mi casa me refleja, me da felicidad, me hace sentir en paz.
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Jaqueline, el ángel del rock

Por Ivanna Martin

Jaqueline Santillán era de esos seres que, definitivamente, son necesarios. De esas almas generosas que irradian un abanico de las mejores cualidades que alguien pueda tener. Transitaba entusiasta sus 29 años, pero la fuerza y el empuje de los que era dueña hacían que pareciera una adolescente rebelde empecinada por llegar a una meta. Su vida era toda por y para los demás. Hace unos años fue con su mayor sueño a una radio de la Capital Federal. Quería hacer un programa de rock para unir a músicos y público en una causa común: la solidaridad. Al principio la miraron con desconfianza, pero su perseverancia y convicción hicieron que finalmente Jakie tuviera su propio programa. Un viaje a las puertas del rock, así lo bautizó. Desde la radio, generó un movimiento inédito entre las bandas. Movilizada por su gran corazón y conmovida por los padecimientos de los más débiles, organizó recitales para ayudar a los internos del Hospital Borda y ahogares de niños carecientes. Luego, desde su espacio radiofónico, contaba orgullosa los logros cosechados. "Dedico este programa a los chicos pobres, a los que no tienen techo, a todos los desamparados y necesitados", repetía al aire. Y, por si quedara alguna duda sobre su firme persona, agregaba: "Jamás dedicaría este programa a los choros, a los delincuentes de guantes blancos, a los responsables de que haya tanta injusticia y gente en la calle". Jaqueline sabía bien de lo que hablaba. Porque hablaba desde el abismo del dolor. Su hermano había muerto a manos de una patota hace poco más de dos años, cuando apenas tenía 15. Jakie sabía del espanto, de la sombra del horror. Y desde allí se hacía fuerte para seguir adelante y pelear hasta el final. De espíritu sumamente generoso, fue distinguida por la Fundación Germán Sopeña y la Asociación Civil Gota en el Mar. Fue el valioso y merecido premio a su constante amor por el prójimo, a sucompromiso ejemplar. Conocí a Jaqueline en medio de la algarabía de una gran fiesta. Bajita y menuda, se acercó a conversar conmigo en una primera charla que duró pocos minutos pero que bastó para que sintiera que nuestras almas, de alguna manera inexplicable, ya se conocían. Me habló de sus sueños, del amor, de la alegría, de cuántas ganas le ponía a la vida a cada segundo. Igual, las palabras no hacían falta. Su gracia y simpatía, la esperanza marcada a fuego en su profunda mirada, ya hablaban por sí mismas de la inmensa fuerza en erupción que tenía dentro suyo. En Jaqueline latía un valiente sentido por la vida. La última vez que la vi fue en Buenos Aires. Volvimos a charlar de nuestras metas, de las ganas de ser y de hacer. Nos pusimos al día sobre lo que ocurría con este feliz ensayo de la solidaridad rockera. Ella, exultante, abría los ojos grandes y sonreía. Sonrisa impecable, amiga. Mirada transparente. Su don de dar. Mecontó de un recital que había organizado a beneficio del Borda con la actuación del grupo Callejeros. Estaba súper contenta por sus conquistas. Le prometí abordar su caravana generosa y colaborar para que músicos de Córdoba, donde vivo, se hicieran eco de su iniciativa. Se entusiasmó al segundo. Sus ojos brillaron aún más y, con gratitud sincera, me dijo algo que jamás podré olvidar y que hoy conservo en lo más profundo de mi corazón. Brotaban los primeros días de noviembre pasado. Acordamos unirnos en la cruzada rockera, a la distancia. Quedamos en que le enviaría e mails con algunos nombres de bandas como Los Navarros y otras que estaban interesadas en hacer recitales a beneficio en mi ciudad. Que nos llamaríamos. Que estaríamos, más que nunca, en contacto. El año culminaba pero podíamos largar con fuerza apenas comenzado este 2005. Fue la última vez que la vi. Y no hubo tiempo para concretar nuestro compromiso. Tan sólo unpuñado de días después fue al boliche de Once para agradecerles a los Callejeros por colaborar en su causa solidaria. Llevaba en la mano un impecable ejemplar de su primer libro, Acunando almas, en el que reconstruyó las historias de víctimas del gatillo fácil y de otros tipos de violencia como la sufrida por su propio hermano. El orgulloso fruto de una noble labor, plasmado en aquellas hojas que fueron consumidas por las llamas. Allí, a metros del escenario, comenzó su trágico final al igual que el de otras casi 200 personas. La tragedia de Cromañón truncó sus sueños, borró para siempre su sonrisa, arrasó injustamente sus alas. La vida de esta "pequeña gran mujer" (como la define su mamá del corazón, María Teresa Schnack) se apagó en el Hospital de Clínicas el 31 de diciembre. Paradójicamente, en el mismo lugar en donde 29 años antes había nacido. Jaqueline era, insisto, de esas personas que son necesarias. Para contagiaresperanza, metas, anhelos. Para volar alto, hacerse amor por el otro. Quienes la conocimos, sumidos en una angustia indeleble, nos permitimos ahora pensar que Jakie flaqueó intentando poner a salvo a otros en medio del incendio. Ese era su motor. Auténtico, poderoso. Ayudar. Todavía me resisto a creer que ya no está por una muerte tan absurda como injusta. Matías (7) y Melanie (3) ya no saben de sus mimos. Y en mi interior conservo lo haré por siempre como el más valioso secreto lo que me dijo aquella noche, llena de vida fecunda, cuando nos encontramos sin saber que sería la última vez.

Publicado en Página 12

www.lospibesdecromagnon.org.ar

Familias modernas

Por Ivanna Martin
La Voz del Interior / Suplemento Mujer
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Múltiples roles, el fin de los modelos tradicionales y de la “media naranja”, la desilusión de exponerse a un modelo tradicional inalcanzable. Opinan especialistas cordobesas desde la sociología, la psicología y el derecho.Desde hace muchos años, y cada vez más, hay menos familias “tradicionales”, compuestas por el matrimonio y sus hijos. Los cambios sociales han dado paso a las monoparentales, ensambladas, binucleares, de hecho y homosexuales. Según el último Censo Nacional de Población, alrededor de la mitad de los matrimonios se divorcia, aumentan las uniones de hecho y cada vez hay más familias ensambladas. La sociedad plantea cambios y la necesidad de acomodarse a ellos.
Abordamos el tema desde las singulares visiones de la socióloga Alejandra Martínez (magíster del CEA-Conicet, y docente de Sociología de los Medios de la Universidad Siglo 21), la abogada Constanza Eppstein (adscripta a la cátedra de Derecho Privado -Familia y Sucesiones- de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba) y la psicóloga Evangelina Aronne, especialista en cuestiones familiares y vínculos de pareja, y en psicoterapia familiar sistémica.
La Ley de Violencia Familiar de la Provincia de Córdoba entiende como grupo familiar el surgido del matrimonio legal, de las uniones de hecho (sin distinción de sexos) o relaciones afectivas “sean convivientes o no, persista o haya cesado el vínculo comprendiendo ascendientes, descendientes y colaterales”. Aunque esta definición es sólo a los efectos de esta Ley, constituye un ejemplo de cómo la legislación “poco a poco va reflejando los cambios sociales. El concepto de familia, hoy, es muy amplio”, destaca Eppstein.
Por su parte, Martínez define la familia, desde lo personal, de la siguiente manera: “es el conjunto de personas con quien uno desea compartir su vida, sus alegrías, sus tristezas. No tiene porqué responder a los cánones idealizados sino a las necesidades afectivas y de protección que todos los seres humanos experimentamos”. Desde lo sociológico, sugiere que no se puede hablar hoy de una definición única. “El modelo de la familia tradicional (madre-padre-hijos) que conocemos y que nos parece ‘natural’ está dando paso a modelos diversos: familias monoparentales, homosexuales, matrimonios sin hijos, familias ensambladas -que reúnen bajo el mismo techo los hijos propios y los de parejas anteriores- para mencionar sólo algunos ejemplos”.
En tanto, Aronne destaca que la familia es un sistema de personas compuesto por diferentes subsistemas de acuerdo a la relación que mantienen entre sí (conyugal, parental, fraterno). “Es el marco que contiene a los miembros que crecen en ella, es un sistema abierto, una totalidad. Cada uno de los miembros está íntimamente relacionado y, por lo tanto, la conducta de cada uno influirá en los demás. Elabora pautas de interacción en el tiempo y tiende a la conservación de la especie y la evolución y transmisión de la cultura a las nuevas generaciones”.
Mayor libertadAronne opina que la familia de hoy “se caracteriza por una mayor igualdad entre marido y mujer en el ejercicio de sus funciones. Ambos trabajan dentro y fuera de la casa, y poseen un estatus equivalente en lo social y en el hogar. Las funciones son compartidas: reuniones de padres, cambio de pañales, consultas al médico... así como las demostraciones de afecto que ya no son exclusivas de la mujer. Los hijos, por su parte, participan en las opiniones y decisiones y ya casi no existen temas tabúes debido al acceso que tienen a la información a través de Internet y de la televisión”.
Para Eppstein lo que está en crisis no es la familia sino el concepto: “La familia es la base de la sociedad, es considerada una institución. Pero es el concepto lo que hoy está en crisis. Cuando se redactó el Código Civil se consideraba la familia núcleo (matrimonio con hijos) pero hoy numerosas leyes abarcan la familia extensa (abuelos, hermanos, tíos, primos). Más que la familia en crisis, lo que se reacomoda es el concepto tradicional. La sociedad tendrá que ir aceptando y tratando de convivir con otros tipos de familia”.
Martínez coincide y agrega que la idea de que un hombre y una mujer deban complementarse, tener descendencia y ser felices a lo largo de su vida, no es algo “natural” o dado, sino que es un concepto que ha sido impuesto socialmente y reproducido a lo largo de la historia. “No es extraño que en nuestra época se hable de una crisis de la familia. El siglo 20 trajo fuertes cambios sociales y las personas comenzaron a cuestionar la vigencia de aquel modelo ‘legítimo’ que propone a la pareja como un todo ideal. El mito romántico de la complementariedad (o de la ‘media naranja’) fracasa al intentar reproducir un modelo inalcanzable de pareja y de familia sobre el que se depositan demasiadas expectativas, muy difíciles de cumplir (el romanticismo, la comprensión permanente, el sostenimiento de varios roles cumplidos perfectamente al mismo tiempo -en caso de la mujer: amante-trabajadora-madre)”, sostiene la socióloga. Además, explica que hace algunos años todas las frustraciones derivadas de no poder responder a los modelos ideales eran ocultadas “para mantener el ‘honor social’” pero que hoy se ponen en evidencia.Aronne agrega que ya no existe la desigualdad de antes en el poder de la pareja. “Las familias tradicionales o patriarcales dieron paso a las familias con mayor compañerismo e igualdad. Ya no existe esa rígida división de roles por género y por edades”, indica.
A todos estos cambios los va planteando la misma sociedad, opina Eppstein. “Creo que hay que ir aceptándolos, es la propia sociedad la que evoluciona y plasma nuevas formas de comunicarse y de entablar las relaciones familiares. El cambio social, en materia de familia, ha ido mucho más rápido que el cambio jurídico, que las normas”, asegura.
También Aronne piensa que hay que acomodarse a los nuevos patrones: “Hay que cambiar el pensamiento dicotómico, rígido, por uno flexible, en el cual pueda haber alternativas al sí o no, al todo o nada, porque la rigidez termina rompiendo las relaciones”.
Desde su óptica profesional, Eppstein observa, por ejemplo, que en los matrimonios que se divorcian, crece permanentemente la conciencia en los hombres en cuanto a la responsabilidad que tienen sobre sus hijos. “Ya no hay tantos padres que se separan y se ‘olvidan’ de sus hijos. Hoy los padres quieren estar presentes en la educación de sus niños, en el día a día, acuerdan visitas más amplias, no se conforman con ser ‘papás de fin de semana’. De hecho, se está tratando un proyecto de tenencia compartida. La mujer necesita y reclama del hombre mayor responsabilidad que antes”.
La independencia que la vida laboral les otorga hoy a las mujeres que trabajan también es un factor que influye de manera significativa ya que hoy son ellas quienes toman la decisión de poner punto final a la convivencia, impulsadas por su propia capacidad para sostener a sus hijos con ingresos propios. “Antes las mujeres, por los hijos, soportaban más las situaciones, pero hoy muchas llegan a un cansancio emocional, a un hartazgo que las hace tomar la decisión”, apunta la abogada.No obstante, Aronne destaca que las mujeres de hoy se encuentran ante tantas responsabilidades que son habituales los sentimientos de culpa. Son mujeres muy exigidas por lo laboral, lo familiar y lo social y no siempre sienten que pueden cumplir con todo.
Apuntando la mirada específicamente hacia Córdoba, Eppstein sostiene que es una sociedad muy conservadora, que “tarde o temprano tendrá que amoldarse a los cambios”. Martínez, por su parte, opina que los cordobeses son cada vez menos conservadores. “No se puede hablar de un modelo típico de mujer cordobesa, ya que todos los casos difieren. Creo que la mayoría de las mujeres cordobesas cumplen hoy diversos roles en la sociedad: trabajan, participan en la vida pública y atienden su casa. Muchas proveen económicamente a partir de su actividad laboral y a la vez son responsables de la mayoría de las tareas que están vinculadas al cuidado de los otros, es decir: la pareja y los hijos. En este punto creo que es importante decir que los varones asumen, cada vez más, tareas y responsabilidades que antes estaban restringidas al ámbito femenino. Quizás no en la medida en que las mujeres quisieran, sin embargo, es más frecuente cada día (y sobre todo en las clases medias) que varones y mujeres compartan las responsabilidades de sostener económicamente la unidad familiar, así como de hacerse cargo de los trabajos que son propios del mantenimiento del hogar”, dice.
Por último, opina que la familia va hacia su redefinición: “El modelo histórico: mujer, varón, hijos, hijas, se presentará en el futuro como una alternativa posible pero, ciertamente, ya no será la única”.

Amigas

La amistad entre las mujeres existe pero en los acelerados tiempos que nos toca vivir establecemos nuevas modalidades de relaciones que conservan la esencia de tan preciado tesoro.
Mi amiga Mariann, de Alemania, con Emil.

Por Ivanna Martin

Es común escuchar que una puede tener decenas de conocidas pero amigas, las que se dice amigas, son siempre unas pocas. En mi caso, al menos, esa especie de regla se ha venido cumpliendo al pie de la letra. Mientras mis cinco hermanos cosecharon siempre amigos por docena (lo cual convirtió rápidamente a mi mamá en una resignada pero feliz anfitriona de meriendas multitudinarias, rondas de mate o pizza casera a cualquier hora), yo me rodeaba de unos pocos. Y al día de hoy, sigue siendo así.
Muchas veces anduve buceando en mi interior para deducir el porqué. Me he cuestionado si las escasas amigas que tuve y tengo han sido resultado de mi personalidad -con los defectos incluidos que todas tenemos (ya lo dice un proverbio turco “el que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos”)- si son fruto de cierta timidez que aún conservo o si, en última instancia, son un castigo divino porque nunca me gustó tomar mate, el símbolo del compartir casi por excelencia.
De todos modos, por más que me esforcé nunca pude sacar conclusiones en mi contra, pese a que mi profesión de periodista me obliga éticamente a ser objetiva. Siempre terminé pensando que tengo pocas amigas pero buenas, lo cual superó todas las hipótesis negativas que me planteaba. Terminé por aceptar que era mi realidad, y punto. Y que aunque pocas, mis mejores amigas me han llenado el alma de afecto y calor en mis momentos más tristes; y me han hecho reír y volver a reír en mis días luminosos.
Hoy ya no indago en ello. Sí me he ocupado últimamente de reflexionar mucho sobre la amistad en los tiempos que vivimos, en los que andamos a las corridas, con miles de ocupaciones que nos quitan hasta el sueño y que no nos dejan tiempo ni siquiera para visitar a nuestras familias tanto como quisiéramos. Así las cosas, duele advertir que una termina siendo amiga más vía mail, por teléfono o por mensajes de texto que personalmente.
En este contexto ¿hay tiempo para la amistad? ¿qué es ser amigas? ¿podemos contar con ellas? ¿se ha modificado el concepto de amistad o se mantiene adaptándose dificultosamente a estos estrepitosos tiempos? He hablado estos días con varias mujeres sobre el tema. La mayoría coincidimos en que lo que se modifica es la forma, que se traduce en nuevas maneras de relacionarse. Evoluciona la sociedad y, con ella, los conceptos, los códigos que nosotras mismas vamos reorganizando. Es como mezclar la baraja y dar de nuevo. Las cartas son las mismas, siguen ahí. Y aunque en cada partida ocupen un lugar diferente, conservan su significado. No obstante, el divino tesoro, sigue intacto. Dicen que las mujeres no sabemos ser buenas amigas pero estoy convencida de que no es así y que la verdadera amistad es como una savia que nos nutre. Por eso estos días del año en que las reflexiones sobre el tema son casi ineludibles, resultan una buena ocasión para detenernos unos minutos, volver la mirada hacia nosotras mismas y descubrir qué tipo de amiga somos, qué lugar le damos a nuestras amigas, si cumplimos las expectativas que depositan en nosotras, si les decimos suficientemente cuánto significan, si el tiempo que no tenemos para dedicarles es más una percepción que una realidad. Es también buen momento para estrecharlas en un abrazo y decirles cuánto las queremos. En mi caso, este punto se agudiza. Mi puñado de entrañables afectos está bien disperso: Mariann en Alemania, Romina en Israel, Daniela en Buenos Aires. A pocas cuadras de casa tengo a mi querida amiga Luján. Mi mamá y mis hermanas también son mis amigas. Pero ese bello tesoro es algo que forma parte de otra historia.